Grande.

abril 30, 2011 § Deja un comentario

Qué grande parece el hombre cuando su corazón rebosa de vanidad. Lleno se siente autosuficiente y fuerte se siente invencible. Qué grande parece el hombre cuando sus necesidades cubiertas se encuentran. Ni el hambre ni la sed le preocupan y se aleja airosos de su condición animal.

Cuan grande parece el hombre, un gigante, un semidiós, y sin embargo morirá a pesar de su grandeza.

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Madriguera.

abril 28, 2011 § Deja un comentario

En verdad que para los hombres tras algunos días de estar lejos de casa  las cosas empiezan a resultar incómodas, desesperantes, frustrantes. En verdad que los hombres somos animales de costumbres, de seguridades… Maldita esa enfermedad que nos obliga a alejarnos de nuestra confortable madriguera.

Maldita y mil veces maldita.

Miserias.

abril 27, 2011 § Deja un comentario

Sólo un poco de soberbia. Un poco de altanería. Un dejo de irreverencia. Esas minucias, esos retazos, esas miserias son las que más respeto de los hombres.

Pero cuidado, no de cualquier hombre, sino de aquel que entendiendo su propia insignificancia se lanza al vacío de la eternidad.

Ese hermoso y mísero sacrificio.

Ataque.

abril 23, 2011 § Deja un comentario

La democracia se ha insertado tanto en el pensamiento de los pedestres que su “conocimiento”, sus “argumentos”, son tan validos como el que más, y qué cualquier crítica a los mismos no puede ser más que un ataque despiadado e ignominioso a el valor “humano” que les es inherente per se.

Pertenencia.

abril 21, 2011 § Deja un comentario

La necesidad de pertenencia es tan indeseable como incontrolable. Qué necedad, que tontería esa de buscar los grilletes más pesados para sentirnos liberados.

Nada mejor que atarse a los objetos materiales, esos, por lo menos, nos evitan charlas innecesarias para justificar nuestra esclavitud.

Santidad.

abril 21, 2011 § Deja un comentario

Qué de santo puede tener el hombre contemporaneo si de su búsqueda de santidad se queda sólo con el ayuno y la negación.

Dónde quedaron aquellos santos hombres que extasiados de su humanidad llegaron a probar de lo divino.

Remedos de santos que más me recuerdan el cansancio de la vida que la celebración de su sinsentido.

Culpable.

abril 16, 2011 § 1 comentario

No hay nada más ingrato que esperar responsabilidad en los hombres. Es propio de nuestra especie endilgarle la culpa de todo a cualquier otro; a Dios, a la madre, al padre, a las circunstancias, a nuestra misma podredumbre, a todo.

Por eso de mis escritos no culpo a nadie más que a mi “imaginario” lector. A quién más sino a él.

Mi culpa es otra, él lo sabe. Culpa que arrastro desde el inicio de los tiempos, culpa que me arrastra al mismo origen incierto: La eternidad.

¿Mi culpa? La simple y pesada existencia.

¿Dónde estoy?

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