Huir.

julio 8, 2015 § Deja un comentario

Ay, qué horas tan oscuras. Lleno las maletas de oraciones y de sentencias. Dos rosarios y el Santo Niño. Mi Dios y Santa María me guarden de estos hombres indomables, insaciables, inagotables.

Sus apetitos andan desatados; el bajo vientre los ha tiranizado, a ellos, los hombres de mis tiempos… Ellos los deformes que el Zaratustra tanto denunciaba se han apoderado de las plazas y de las iglesias; enormes ojos, grandes cabezas, desmesuradas lenguas; los veo aunque bien se esconden, los escucho aunque sus voces sean otras. Es hora de guardarme por diez años. Entre plantas, santos y silencio habré de salvarme de esta Tribulación.

¿Dónde estoy?

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