Domingo.

agosto 21, 2016 § Deja un comentario

Y una tarde de domingo calurosa, susurros de la noche me alcanzaron, terribles memorias me enseñaron y así a sus designios me enfrentaron:

La tranquilidad maldita que te agobia; en las mañanas los jardines nos esperan, en la tarde los libros nos aguardan y en la noche las Furias nos escapan.

¡Corre! Qué Dios no se revela en las tranquilidades ni a los desmemoriados.

Es cosa de aventarse de frente y sin recato al Abismo de los días; desangrarse y entregarse como víctima a los devenires de los días.

Arrebatar a las horas el encierro; regalarle tiempo a los infiernos.

La locura como humano te reclama. Te musita ‘dejar de estar tranquilo’ y en sus brazos delirar un “viva la vida”…

Son momentos de pecado y taciturnos, es la muerte que se niega y se me escapa, es la Ingrata que me observa y se sonríe.

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